martes, 30 de diciembre de 2008

Florideando



Ella caminaba calma en el río de cuerpos en celo. Él, en la otra punta de ese mismo río, se dejaba arrastrar por el frenesí de los pasos. Ella caminaba serena como toda persona que no va a ninguna parte, él corría para llegar a la meta.

El traquetear de las suelas se tornaba melodía en Florida, hasta lograr fundirse con una cuerda de guitarra en vilo y los gritos de un vendedor de sueños por dos pesos. Ella añoró el olor de su jacarandá favorito y decidió ir en su encuentro; el calculó minutos, sumó años perdidos.

Ella miró alrededor y su solera de seda le resultó inadecuada entre los trajes negros. Un acorde cubano-herido llegó a sus oídos y provocó la lágrima. Sus pasos sin rumbo giraron entonces siguiendo el sonido y Alma fue a parar junto al joven de barba que rezaba la pérdida de una mujer. Juan levantó la vista y sus pies casi terminaron con la vida, todavía no comprada, de unas lámparas de metal vueltas luciérnagas que habitaban el piso. Las esquivó y se topó en el camino con un cuerpo capaz de detenerlo. Giró sus ojos y se encontró con el negro de otros ojos, capaces de penetrar cuerpos y sanar heridas. Alma, en cambio, vio miedo; atajó el cuerpo en caída, le tendió la mano y le dijo Bienvenido.

3 comentarios:

Uno más en el mundo dijo...

Bienvenido,le dijo, a mi vuelo.
y él voló, se dejó volar...

el Gil dijo...

Creo que la conocí...
¿No estaba ella en un cuadro, de esos que se dejan vender en el Caminito?
Llevaba un vestido azul profundo y miraba como invitando a la milonga...
y es que eso tiene Bs. As...

Anónimo dijo...

Mi amiga nadu...la eterna soñadora...la apasionada escritora...y más recientemente la Dra Tauhil...felicidades nadu!!!y hermosos tus escritos!!te quiero mucho!!

Meli