sábado 24 de octubre de 2009

Serie

“antes que mujer
soy caldero”
Cecilia Maugeri

antes- de mí

¿entonces soy yo?

esta primera persona
este presente protagonista
incapaz de tomar distancia
y ver de lejos
la noche fría
que no muere dentro
de este cuerpo mío
esta bolsa-olla-hueco-jarro que soy
este contenedor lleno
que se vacía de golpe
y escupe
palabras
todavía no nacidas
formadas
en el caldero
de este cuerpo que arde
que se consume sin tregua
y no quiere apagarse
porque entonces
sería de noche
y ya no habría
hoguera que mirar


yo o ella

¿soy yo?

esta carne rosada
este cuerpo tibio que seduce
se mueve adentro mío
y se acomoda
me ahueca y me ocupa
esta carne irreverente
que me invade sin permiso
y se abre paso
me llena
aunque no quiera
me llena
y ya no puedo salir de ella
sin ella
se abre en mi
me parte
me divide y me une
este carne rosada
parte de mi carne
que se niega a irse
a dejarme sola
única e indivisible yo
y me obliga
a no
elegirme


yo-ella o ella-yo

¿ soy ahora yo?

esta simbiosis de carnes mezcladas
este fluir de un lado a otro
siempre en compañía
este nunca más sola
este silencio


lo que queda

soy yo
este hueco indivisible adentro mío
este contendor vacío
que espera
agazapado
en lo más hondo
de mí

lunes 5 de octubre de 2009

United Artist Biennial II




La cuestión es así: Lari Expone!!!! Es este 7, 8 y 9 de octubre. Vayan. . Además Lari decidió exponer un trabajo que hemos hecho en conjunto así que mil miles de gracias.


miércoles 23 de septiembre de 2009

Revés





Desde chiquita me pareció terrible descubrir que a los hombres les faltaba su agujero allá abajo. No me extraña, para nada, que les sobre. Pero les falta.


¡Los cosieron, mamá!


Y nadie respondía.


¿Cómo hacen para vivir sin su grieta? Por dónde sacarán sus lágrimas. ¡Cómo puede un cuerpo contener tantos latidos!


Si por la boca se escapan las palabras, las lágrimas siempre se me escapan por mi agujero allá abajo. Y debe ser por eso que los hombres no lloran. Sin mi agujero las lágrimas se acumularían dentro hasta cubrirme entera. Hasta sacarme mi propia agua y descomponerlo todo.


¿Dónde esconderán sus recuerdos sin su grieta alada? Sin el vacío sin nombre que nos funda tierra adentro. Debe ser terrible tener el alma entera y cosida, llena de puntos tirantes que no dejan pasar el agua. Debe doler tanto cuando el alma se hincha gorda de aire peleando por salir; y los hilos tiran. Y entonces ellos no respiran, el corazón no se acelera y el alma no se hincha, gorda de aire, para que los puntos no tiren y el agua salada no se pudra dentro.

jueves 10 de septiembre de 2009

Fotopoema

Hoy les presento una foto de otra gran amiga: Camila Rossi (Camis para los allegados). La idea fue trabajar en conjunto para resignificar tanto la foto como el poema. Espero que les guste.







quizá detrás de la puerta

me espere un calor envolvente
como de vientre materno
un mundo sin luz sin abrazos sin latidos
o tal vez
la luz me invada
mis ojos nazcan
y miles de vidrios estallen en vidas
quizá los sentidos se cubran de blanco
y todas las voces del mundo
me lleguen cobijadas
en tu voz
o tal vez
me vuelva deseo eterno alma en pena sueño ausente
o cruce la puerta
y me vuelva miedo
quejido que vaga
sin nombre
por tu cuerpo

quizá me abrace un frío helado
y me reciba un cuartovacíoinfierno esperando a su huésped
y mi voz no salga
y el llanto corra
quizá tus pasos se escuchen
tentadores
del otro lado
y las ganas me lleven
y ya no haya retorno



viernes 21 de agosto de 2009

En espacio y tiempo

Ella se levantó aquel día convertida en mapa. Su cuerpo, que hasta el día anterior, se encontraba enteramente cubierto por una piel tersa (o al menos de no ser tersa por una piel integra) hoy se estaba enteramente cubierto de huellas. Huellas de piel levantada y otras huellas de piel hundida. Huellas rojas, nuevas, dolorosas y otras grises, ya andadas.
Alarmada corrió a mirarse en el espejo y descubrió, al instante, que las huellas incluso habían invadido su cara. Huellas que habían salido de ninguna parte y que ahora la delataban, burlonas. Volvió a mirarse en el espejo y creyó ver que las huellas se dirigían a alguna parte, como si fueran caminos trazados vaya a saber uno por quién, o por quiénes. Pensó en las miles de manos que alguna vez había estrechado, en las miles de huellas digitales que su piel había copiado hasta hacerlas propias.
No tardó demasiado en llegar a la conclusión de que se trataba, efectivamente, de caminos y que debían conducir a alguna parte.
Ella no tardó demasiado tiempo en resignarse y aceptar su condición de mapa. Ofreció como tal sus caminos a quien quisiera recorrerlos y así quizás, un día, alguien le diría a donde la llevaban.