martes, 11 de noviembre de 2008

¡Basta!

Eva cierra los ojos fuerte, muy fuerte. Eva sabe que si los abre ya no podrá soportar los pasos tambaleantes de Juan en la madrugada, ni su aliento a alcohol barato contra la mejilla mientras la penetra con rabia y ella le ruega a la Virgencita que hoy, por lo menos hoy, no le pegue. Eva sabe que el día en que el miedo se vaya y ella pueda abrir sus ojos no habrá paredes capaces de contener sus lágrimas de princesa rota, de vestidos de tul rosa rasgados, de sueños desparramados por el piso.



En el medio de la noche los ojos de Eva se abren al mundo y su garganta emite un grito profundamente herido. En la oscuridad de la noche, el grito atraviesa el silencio y llega a miles de puertas cercanas. Ninguna se abre.

3 comentarios:

M. N. A. dijo...

Me encantó tu blog. Excelente!
Por favor, pasa por mi blog y dame alguna opinión:
www.aquellaspalabrasperdidas.blogspot.com

Máximo Ballester dijo...

Como en Desapariciones de Rubén Blades, afuera se escuchaban ruidos y nadie salió pa' fuera, estaban todos mirando la telenovela.

Que escrito, amiga. Bello consistente y tremendo. Y en pocas palabras todo un desgarro. En pocas palabras noté maestría y ganas de decir.

En ese grito último está toda la libertad (y la falta de) de Eva.
Yo creo que la noche quedó herida con ese grito.
Yo creo que también de algún modo quedé herido, algo así como bien herido.

Mil gracias por tu visita. Estaré pasando por aquí en cualquier momento. Escribís muy bien y me alegro mucho.

Un abrazo.

josé dijo...

No es necesario decir que el texto pega duro por su tema tan actual que también podría decirse de siempre. La indiferencia es lo común, lo cotidiano con cada muerte, con cada golpiza y humillación, que es decir lo mismo.