martes, 17 de junio de 2008

La otra herida

Los días pasan y ese instante se aleja cada vez más en el tiempo, sin embargo, toda idea, pensamiento o recuerdo me trae de vuelta a la hora cero. Cuando dejé de ser yo para convertirme en ella.


La muerte nos vuelve otros.


Facundo tenía cuatro meses. Cuatro meses desde el instante en que finalmente lo sentí dentro mío. Un universo crecía en mi cuerpo. Facundo latía, pensaba, sentía. Facundo era nuestro, MIO.


Me desperté a la mañana y fui al baño, como siempre. Mientras yo hacía pis Rodrigo se lavaba los dientes. Vi sangre en el inodoro mucha sangre y aullé. Rodrigo me acostó en la cama y llamó al médico lo más rápido que pudo. Media hora más tarde el doctor estaba parado al lado mío. Sus labios se movían pero me era imposible interpretar lo que decía. Los movimientos de su boca me llevaban a una cueva en lo más profundo de mi ser. Sentí los dedos que me revisaban por dentro. Lloré de dolor, de miedo, de desconcierto. Rodrigo había ido a abrirle la puerta al médico: estaba sola, sola en una cama gigante, en una cáscara de nuez en el mar, pérdida, desamparada. Grité el nombre de mi hijo con todas mis fuerzas. Rodrigo me encontró en posición fetal en la cama.


Vas a tener que calmarte. Facundo está bien pero todavía hay riesgos. Vas a tener que quedarte en cama. Nada de moverte, nada de gritar, tenés que estar tranquila. Me voy a quedar todo el tiempo con vos. Yo los amo no les vas a pasar nada. Fabiana, ¿me escuchaste?


Lo había escuchado. Hice una mueca, intenté decir que sí. Me sentía disociada, mi cuerpo no me pertenecía, sólo podía sentir el dolor de mi hijo y la sangre que todavía me corría por las piernas. No podía siquiera moverme estaba aterrorizada. Rodrigo se acercó con una taza de té.La tomé y me quedé dormida.


Pasaba el tiempo: me era imposible dilucidar si eran minutos u horas, días o semanas. Escuchaba a kilómetros de distancia las voces de mi madre, la de mi hermana, la de Rodrigo que se esforzaba por traerme de vuelta, los médicos que me rogaban colaboración. No podía responderles. Me había enquistado a un costado de mi útero, al lado de Facundo en mi intento por escucharlo latir, por sentir su vida aún presente. Pasó. De repente, sin aviso previo, dejó de latir . Esos golpecitos rápidos que nos ataban a los dos a la vida habían desaparecido.


Abrí los ojos. Vi a toda mi familia pegada a mi cama. Sus gestos lo decían todo : hacía una semana que no me movía , no hablaba , me negaba a comer. Rodrigo le había rogado a los médicos que hicieran lo posible por continuar el embarazo. Sabía que yo no podía cuidarme, me cuidó él por mi. Me alimentó a cucharitas.
Abrí los ojos. Ya pueden irse, Facundo se fue. El médico se abalanzó sobre mí, puso el gel frío en mi panza y comprobó lo que yo ya sabía: los latidos habían desaparecido. Quisieron abrazarme, consolarme, no había nada que pudieran hacer. Les grité que se vayan. Rodrigo se negó a obedecerme.


Yo te entiendo. Sé que lo buscaste toda la vida. Sé que lo buscamos hace cinco años. Pero tenés que seguir. Tenés que seguir porque hay más vida, porque vamos a tener otros hijos, porque yo sin vos no sé qué hacer.


¡Estaba adentro mío! Yo lo sentía. Yo sentí el exacto momento en que me volviste madre. Yo sentía sus latidos aunque no sea posible. ¡No podés entender lo que siento!


Cerré los ojos y volví a dormir. Veía el sol aparecer y desaparecer entre las rendijas de la persiana, a Rodrigo traerme comida, veía el mundo pasar a mi lado y seguía sin poder moverme. No podía siquiera pronunciar una palabra, había olvidado como posicionar mi lengua para emitir un sonido, como darle la orden a mis músculos de que muevan, aunque sea, uno de mis dedos.


Un día escuché a Rodrigo decirme que el no podía seguir peleando por mí, que no le había dejado opciones, que no me había dejado opciones. Me acompaño en la ambulancia.


La ventana de mi cuarto se ha convertido en todo mi mundo. Rodrigo viene siempre a visitarme. Cada día en terapia repito lo mismo: algo murió dentro de mí.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué fuerte nadi...
muy pero muy bueno lo que estás escribiendo, te shockea, toda una sorpresa.
besote
mamá Lu

Vanina dijo...

pobre está buena mujer...

realmente mucha carga emocional en cada palabra y en cada imagen.

llevadera la lectura, dolorosa y llevadera

abrazos

María del Pilar dijo...

Me dejaste sin palabras...
Sólo felicitaciones por cómo estás escribiendo, en serio.
Te quiero
Pili

Mariana Kasner dijo...

Sin palabras...
No te conozco, no sé quien sos, pero tu texto me dejó así, helada, fría.
Fuerza! Muchas fuerza!

laura elena dijo...

sin llegar a ser un golpe bajo, aunque muy duro, expresa un sentimiento muy particular y profundo,que hace erizar la piel de lo emotivo.
felicitaciones