viernes, 31 de julio de 2009

Don de fluir

a veces me achico
me hago bolita
y me escondo en algún lugar
cerca de mí
así
chiquita
puedo escucharme
y descifrar los latidos
de mi corazón
a veces roto
a veces lleno

un corazón repleto de agujeritos tapados con fastix

y entonces ahí sentada
cerca
muy cerca
de mi corazón parchado
pienso
que si un día pasara algo extraordinario y mi corazón latiera con todas fuerzas los parches podrían no resistir y la sangre correría a borbotones por mi cuerpo llegando a mis manos y mis pies cansados y se escurriría hasta alcanzar el piso y seguir vagando hasta
llegar a un río
o un lago
y perderse en el agua
y yo
con ella

viernes, 17 de julio de 2009

Simbiótico





te vi irte y te miré espejo
cerré los ojos
copié la mueca
vi tus surcos dibujarse en mi cara
imité las sonrisas
vomité los te quiero
extrañé los por qué
rearmé los nudos
corté los lazos
borré las huellas
y corrí sin nombre

hasta encontrarme

y perderte en las palabras silenciadas

para en el fin
despertar a tus pies
donde ya nada importa
y desvanecerme espejo

viernes, 10 de julio de 2009

Urbanidades




mugre de mujeres preciosas
mugre de muerte
de locura
de frío

calle corrientes mugrosa de tangos por cantar

mugre descuidada
jabonosa
olorienta

mugre de lepra invadiendo tus manos
mugre y te pica
mugre loquero cerca
mugre y se acortan tus pasos
mugre
y se acerca

mugre cuerpos tirados
desapego
yo- no- miro

mugre gusanos en celo
mujeres preciosas
mugre
yo


no


miro

sábado, 27 de junio de 2009

Se busca

Ir por la vida con mitad de alma resulta una tarea para nada sencilla. No importa la manera en que se haya perdido, llevar a cuestas media alma menos acarrea todo tipo de inconvenientes.
Con sólo levantarse y mirar su cara en el espejo el desgraciado podrá apreciar las primeras consecuencias: notorio adelgazamiento, pérdida sustancial de cabello, descoloramiento evidente de piel, ojos, mejillas y todo aquello que pueda decolorarse.
Nada más salir a la calle acrecienta el número de infortunios. Debido a que el peso del alma es muchísimo mayor a veintiún gramos, el mitadalmado puede volarse con el primer viento que azote la ciudad o ser arrastrado calle abajo por cualquier niño caprichoso, perro extraviado, etcétera. Esto podría solucionarse fácilmente llevando siempre a mano un ancla del mismo peso, aproximado, al de la mitad del alma perdida. El problema resulta en que, visto y considerando, las pocas fuerzas del infeliz mitadalmado esto suele resultarle imposible.
Sin embargo, la falta de media alma conlleva algunas ventajas a saber: una notable disminución del número de lágrimas ante cortes de relación imprevistos, abandonos del hogar, pérdidas de empleo o de cualquier otro tipo. Menos tardes desperdiciadas llorando por amores inconclusos, menor cantidad de días laborales perdidos a causa de depresión, ansiedad o cualquier otro trastorno que para ser padecido requiera de alma. Eso sí, y es necesario tenerlo en cuenta, acarrea una disminución de igual magnitud en el número de risas ante los chistes, de latidos del corazón ante el hombre o la mujer amada, de lágrimas de emoción en los casamientos, de salivación al comer un caramelo de dulce de leche o saborear un helado de chocolate.

Por todo lo antedicho y recurriendo a su solidaridad, le ruego por favor a quien haya encontrado mi mitad de alma perdida, que me la devuelva.

viernes, 19 de junio de 2009

Brevimagen





En la sala de espera, la mujer del bigote mira de frente a los ojos que no paran de mirarla.

viernes, 12 de junio de 2009

Ensayo sobre el demasiado amor

Nos vivimos quejando de la falta de amor, pero qué pasaría si un día saliéramos a la calle y nos hubiéramos convertido en el objeto de deseo favorito de hombres y mujeres.
Ni siquiera caminar diez pasos y el diariero nos ofrecería una vida llena de noticias cotidianas, de recetas de cocina, de primicias de segunda mano. Supongamos que podemos decir no y seguir caminando. Entonces, el encargado del edificio de al lado nos ofrecería vivir eternamente en el cuarto de la limpieza. Seguir caminando implicaría cruzarse con la colegiala inexperta que pretende regalarnos su virginidad, con el abuelo octogenario que jura y perjura que lo mejor viene con los años, con el policía dispuesto a cualquier cosa con tal de atarnos a sus esposas. Y así, hasta llegar a clases o a la oficina. Y si fueran clases el profesor ofrecería aprobarnos el curso a cambio, solamente, de un beso, y si fuera la oficina el jefe nos volvería gerentes sólo por ver nuestra cintura.
Entonces una vida de desamor se convertiría, de pronto, en un revuelo de propuesta, en un mar de hombres y mujeres extraños ofreciendo otro mundo posible. Y los rasgos se acumularían en nuestras retinas y los aromas bajo nuestras fosas nasales. Y entonces, aunque quisiésemos, ya no nos sería posible elegir.

domingo, 7 de junio de 2009

Tres deseos

paz en el mundo una almohada rosa chocolates canciones un auto nuevo un sinfín de sinrazones una niña que me mire un cuarto sin paredes vacaciones un gato negro un pasaje a ninguna parte una vuelta sin ida ganas de anclar una soga dos corbatas tres vestidos un disco de los Beatles no editado mil y una noches cinco velitas menos que me quiera


Soplá

sábado, 23 de mayo de 2009

viernes, 15 de mayo de 2009

El llevador de milagros




La tarea no resultaba sencilla. Un milagro por día, ni uno más, ni uno menos.
El Llevador sabía que algunos milagros debían ser lo suficientemente grandes como para mantener la creencia en ellos y que otros debían resultar lo suficientemente pequeños como para pasar desapercibidos, casualidad pura.

Tres semanas atrás El Llevador le había concedido la cura de una enfermedad silenciosa a un niño en África. Por lo menos le quedaban dos semanas de milagros casuales.

Eran casi las doce de la noche y El Llevador todavía no había encontrado su milagro para el día siguiente, cuando vio una mujer revolviendo fotos añejas frente a la ventana. Los ojos aguados de la mujer ocultaban tras de sí veinticinco años de ausencia. En las fotos, una y otra vez, un joven de mirada esquiva.
¿Qué habrá sido de vos? se preguntó La Mujer De La Ventana para si sin sospechar que El Llevador la escuchaba. Fue entonces que El Llevador supo que había encontrado su milagro para el día siguiente y se dispuso a buscar al hombre de las fotos ahora veinticinco años mayor. Pensó que quizás tendría que dar la vuelta al mundo para encontrarlo, pero no fue necesario. El Hombre De Las Fotos seguía viviendo en la misma casa donde había vivido siempre, a sólo unas cuadras de la casa de La Mujer De La Ventana.
Ahora todo era fácil. Retrasar unos minutos a La Mujer De La Ventana, desviar unas cuadras el recorrido cotidiano de El Hombre De Las Fotos y así, sin más, en un atardecer cualquiera dos personas volverían a encontrarse veinticinco años después, por casualidad, en una ciudad de veinte millones de habitantes.

Tres días antes en una ciudad del norte de México una mujer de casi cien años veía nacer a su tataranieto.

Tres semanas atrás, en algún lugar de África un niño nacía libre de SIDA.

El 31 de diciembre del año anterior, Mariana de treinta cuatro años chocó con su auto el auto de Iván. Cupido actúo de inmediato.

Cinco años atrás, en un campamento de refugiados en Afganistán, un fotógrafo de la National Geographic volvía encontrar a la joven que lo hizo famoso y le quitó el sueño.

Un trece de julio de 1979, una joven estudiante de Medicina acusó de hiperquinético al joven de la mesa de al lado. Once meses después se casaron.

En 1945, miles de personas lograron sobrevivir a los campos del exterminio nazi.

Un día de julio de 1920, una anciana recién llegada del Viejo Continente tomaba, por primera vez desde su llegada un chocolate caliente. El sabor resultó exactamente igual al de su Italia natal.

Ciento cincuenta años antes, en alguna parte de San Juan una mujer que cargaba con su niño murió tratando de atravesar el desierto. Su hijo fue encontrado vivo no se sabe cuanto tiempo después.

Dos mil años antes, en algún lugar del actual Israel un profeta joven tornaba el agua en vino.

lunes, 4 de mayo de 2009

Deseo





Besos de papel pintado y

una soga que no ahogue ni suelte

Trescientos treinta y tres barriletes de colores que despierten

a una lluvia de labios desvelados

Cajones rotos

Médanos de olvido y

un junio que no llega y

se ahoga en tus brazos