viernes, 26 de diciembre de 2008

Recovecos



Será que me duelen los días ,que me hallo dormida, que miro a través y me siento incapaz, que me hago cargo de casi nada y me identifico con casi todo.
Será que me habitan deseos perennes, que me arden los ojos, suspiran mis lágrimas y ardo en delirios.

Que no sé como nombrarme.

Será que me duele el olvido y las palabras sin decir, que me hartan tus besos, que no encuentro los pasos, que la tristeza me invade y se me vuelve vacío que sólo calma con piel, con todas las pieles del mundo cobijadasen tu voz, convertidas en cuerpo que acaricia, que abraza, que duerme de lado.

Será que me condena el invierno y las primaveras por venir, que no pude entenderme y no sé cómo nombrarte, que en el camino me deje olvidada y que caí rendida

harta de todo

incapaz de volver a encontrar mis pasos, perdida sin salida en este laberinto donde ya nada me ata.

lunes, 22 de diciembre de 2008

El encuentro. Parte I

Este texto tiene algo así como dos versiones posibles. Pueden leer sólo esta primera parte o seguir leyendo, además , la parte dos. Así quizás pueda dilucidarle su forma final al texto.



Como todos los viernes Diana subió en ascensor hasta el quinto piso. Una vez en el pasillo, sacó el pañuelo de seda negra que llevaba en la cartera y se vendó los ojos. Caminó de memoria hasta el departamento “C”, empujó despacio la puerta entreabierta y se adentró en el espacio donde la oscuridad se adueñaba de todo.

- ¿Estás ahí? - dijo estirando una mano al vacío mientras con la otra se deshacía de la venda que le cubría los ojos.

- Siempre-. La voz de Franco golpeó sus oídos y el olor del incienso mezclado con la fragancia a maderas que él usaba cada viernes la invadió.

Diana se acercó despacio, intentando no enredarse con los almohadones en el piso, pero no los encontró. Le resultaba difícil adecuar sus ojos a la oscuridad, a pesar, de que lo hacía hace ya tiempo. Cada viernes era abrir la puerta a un mundo tan lleno de luz que sus ojos no lograban acostumbrarse. Ya eran meses de oscuridad acordada (porqué no impuesta) y él nunca había osado romper esa penumbra.

-Estás dando más pasos que de costumbre - gritó la voz en algún lugar del espacio-. ¿Te perdiste con el cambio de lugar de los muebles?

- ¡Era eso!- la voz chillona de Diana lo golpeó como una palmadita en la espalda
Diana daba pasos por el espacio, aún perdida. Agitaba los brazos queriendo tocarlo pero no lo lograba; él extendió una mano al vacío y esta fue a dar justo en el hueco de la rodilla de ella. La tumbó con el movimiento.

-¡Acá estás!- dijo Franco mientras la atrapaba en caída para acostarla, segundos más tarde, sobre los almohadones que jamás dejaban de rodearlo.

Diana lo besó despacio y sintió en su lengua un dejo de amargura. Le desabrochó despacio los botones de la camisa, rozó la punta de su nariz contra la barba apenas crecida, quiso morderle el lóbulo de la oreja. Él acarició la suavidad de las piernas apenas cubiertas por una pollera. Dejó volar sus manos hasta llegar a la entrepierna, acercó sus labios.
Se entregaron al delirio de saberse sin control, a la no pertenencia de los cuerpos. Las manos enlazadas recorrieron los cuerpos de punta a punta, las lenguas lamieron cada centímetro de piel. Él se dejó vibrar al compás de unas manos tan conocidas como ajenas, ella se sintió capaz de nadar en el mar de sus fluidos.
Ahora Diana lo acunaba en sus brazos, le acariciaba el pelo como si fuera un niño. Acercó su oreja al pecho amplio de Franco. Lo sintió latir.

-¿Qué te pasa?- le preguntó- Parece que tuvieras miedo.

- Puede ser- le respondió él-, parate.

- ¿Para qué querés que me pare?

- Parate y da dos pasos a tu izquierda.

Diana tanteó el piso con sus manos para lograr incorporarse. Lento, dio los dos pasos a la izquierda. Puso las manos contra la pared para tener un punto de apoyo, sintió en sus palmas la superficie fría.

- Vos y tus juegos de siempre.

- ¿Sentis el cuadrado en la pared?- le dijo mientras él también se incorporaba del piso.

Franco apoyó su palma rugosa sobre la pequeña mano de Diana. Ella sintió en la yema de sus dedos una elevación y la recorrió intentando descubrirla. Si llevaba los dedos hacia el centro la elevación se tornaba valle y un poco más allá la sorprendió algo similar a una tecla.

- ¿Qué pretendes que haga?

- Es un interruptor-. dijo la voz de Franco temblorosa- Si querés… podés prenderla

El encuentro. Parte II

Diana tardó en comprender lo que Franco le estaba diciendo. Sintió los segundos alargarse, volverse horas. Ella había logrado acostumbrar sus ojos a la noche, sus palabras a la falta de las mismas, había logrado acotar sus deseos a 6 horas por semana. Ahora él le ofrecía la luz que tanto le habían rogado sus ojos y ella sólo podía sentir miedo.
Quiso decirle que lo habían extrañado las mañanas de domingo, las tostadas con manteca del desayuno, la ducha entreabierta, el césped a medio cortar. Pero no lo había hecho y sus palabras habían perdido sentido de tan añejas, de tanto no nombrarlas. Ahora que por fin se había acostumbrado a las ausencias, que había logrado disfrutarlas, que el cuerpo se había endurecido de veras, que los velos dejaban de ser tul…
No quiero, se dijo, no quiero, ya no. Ya no me sirve. Diana lo sintió acercarse.
Franco apoyó su pecho contra la espalda de ella, la rodeó con sus brazos, la acercó a la pared. La habitación blanca brilló de repente. La mano de Franco se posó en la mejilla de Diana, la acercó a su cuerpo. Ella dio una vuelta sobre sí misma despacio, enredó sus labios con los de él; volvió a cerrar los ojos.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Principios, finales y la emotividad al palo

Hoy es sin ninguna duda un día muy especial para mi. Pero el tema es que este fue un año excelente . Primero y principal y, por es esto está aca, por la escritura. Porque gracias al taller , al profe , a las chicas y chicos de los jueves , a todos los cruzagramos logré volver a juntar palabras, a armar una frase y no hay nada que me llene más de alegría.
Si juntamos eso con quehoy me recibí creo que no puedo decir nada más. No encuentro las palabras para expresar lo que siento. Así que les dejo una canción de BEBE que dice todo eso que hoy yo no puedo.









Ella sa cansao de tirar la toalla
se va quitando poco a poco telarañas
no ha dormido esta noche pero no esta cansada
no mira ningún espejo pero se siente to’ guapa

Hoy ella sa puesto color en las pestañas
hoy le gusta su sonrisa, no se siente una extraña
hoy sueña lo que quiere sin preocuparse por nada
hoy es una mujé que se da cuenta de su alma

Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
Hoy vas a comprender
que el miedo te puede romper con un solo portazo.
Hoy vas a hacer reir
porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto…
Hoy vas a conseguir
reir tanto de ti y ver que lo has logrado que…

Hoy vas a ser la mujé
que te dé la gana de ser
Hoy te vas a querer
como nadie ta sabio queré
Hoy vas a mirar pa’lante
que pa atrás ya te doy yo bastante
una mujé valiente, una mujé sonriente
mira como pasa

Hoy nasié la mujé perfecta que esperaban
ha roto sin pudore las reglas marcadas
Hoy a calzado tacone para hacer sonar sus pasos
Hoy sabe que su vida nunca mas será un fracaso

Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
Hoy vas conquistar el cielo
sin mirar lo alto que queda del suelo
Hoy vas a ser feliz
aunque el invierno sea frio y sea largo, y sea largo…
Hoy vas a conseguir
reir tanto de ti y ver que lo has logrado…

Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
Hoy vas a comprender
que el miedo te puede romper con un solo portazo.
Hoy vas a hacer reir
porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto…
Hoy vas a conseguir
reir tanto de ti y ver que lo has logrado

sábado, 13 de diciembre de 2008

Anochece

Una ventana tapiada de ladrillos y rejas
una casa todavía habitada
niños vagando en otros días y
juguetes dibujados en la pared

La luz azul fosforescente de un hotel barato
refugio de miles de cuerpos
las habitaciones donde dormí en mis viajes
acompañada, únicamente , por tu ausencia

Miles de balcones y
una grieta que desanda sin traerte

Una cortina anaranjada
para la niña de tu ojos

Una virgen sin padre
abandonada en su celda de cristal

Un sauce llorando penas ajenas

Otras escaleras al cielo
el vestido blanco-azul-rojo y
alguien esperándote del otro lado

Un cochecito de bebé

jueves, 4 de diciembre de 2008

Tras la puerta III

Por que me gusta verte dormir


Quizás abra la puerta y
te encuentre enroscado a mis pies
desnudo como un niño en la siesta de la tarde

O te vea llegar cobijado en tus miedos
y te tienda la mano
me lance al vacío y
vos me sigas

Quizá los miedos se queden arriba

sábado, 29 de noviembre de 2008

Tras la puerta II

Abrir la puerta
y sentir el abismo a los pies

Jugar al borde
buscar el filo

Caminar en pasitos de cornisa
y en el segundo menos pensado

caer

de bruces
circular
rendida

en caída libre
en tierra
y a oscuras


Caer

en cruces sin nombre
en lápidas sin futuro
en entierros ajenos
en el pasado olvidado
y en los destinos inciertos
en el mar de unos labios sin boca ni besos
en la pesadilla eterna de los vivos
y el sueño constante de los muertos
en el colchón que te espera cada tarde…

Y volver

lunes, 24 de noviembre de 2008

Tras la puerta I

Quizás detrás de la puerta me espere un calor envolvente , como de vientre materno. Un mundo sin luz, sin abrazos, sin latidos o tal vez la luz me invada y mis ojos nazcan y miles de vidrios estallen en vidas.
Quizá los sentidos se cubran de blanco y todas las voces del mundo me lleguen cobijadas en tu voz . Tal vez me vuelva deseo eterno, alma en pena, sueño ausente o, cruce la puerta y me vuelva miedo. A no tenerte, a no encontrarte siquiera en sueños, a que te escapes de mis manos y te diluyas antes de poder rozarte, a que no llores, no te rías, que no crezcas. Miedo a que no llegues mi Nannerl pequeña.

Será por eso que me quedó del otro lado, a la espera de que mis pesadillas no despierten.

martes, 18 de noviembre de 2008

Lo que quedó




Lo malo del después son los despojos
Joaquín Sabina



El casco, la moto y vos. Las tardes en Costanera y las callecitas de San Telmo. Una pulsera punto peruano y tres mil maneras de engarzar el tiempo. El piso de cemento de un refugio en cualquier parte. Una sentencia grabada en la pared. Tu casa y los techos fríos, la ventana a medio cerrar y Julia durmiendo en nuestros brazos. El acolchado blanco y negro de la cama voladora que jamás compramos. Bob Marley esperando en vano e Ismael cansado de gritar. Una banda pensada para dos. Tus celos y mis ganas. Zapatitos blancos en árbol de Navidad. Las miles de veces que te amé. Tu cámara de fotos y las baterías sin cargar, el mundo dado vuelto con la excusa de una lluvia esquizofrénica, un mensaje de texto, punto final.

martes, 11 de noviembre de 2008

¡Basta!

Eva cierra los ojos fuerte, muy fuerte. Eva sabe que si los abre ya no podrá soportar los pasos tambaleantes de Juan en la madrugada, ni su aliento a alcohol barato contra la mejilla mientras la penetra con rabia y ella le ruega a la Virgencita que hoy, por lo menos hoy, no le pegue. Eva sabe que el día en que el miedo se vaya y ella pueda abrir sus ojos no habrá paredes capaces de contener sus lágrimas de princesa rota, de vestidos de tul rosa rasgados, de sueños desparramados por el piso.



En el medio de la noche los ojos de Eva se abren al mundo y su garganta emite un grito profundamente herido. En la oscuridad de la noche, el grito atraviesa el silencio y llega a miles de puertas cercanas. Ninguna se abre.